El economista y miembro del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), José Guerra, ha vuelto a poner sobre la mesa la urgencia de una reforma salarial profunda ante el actual estancamiento de los ingresos. Guerra sostiene que el salario mínimo en Venezuela —que se mantiene oficialmente congelado en 130 bolívares desde hace casi cuatro años— debería situarse en una banda de entre 400 y 500 dólares mensuales. Para el experto, esta cifra no solo responde a una necesidad de supervivencia básica, sino que es técnicamente viable si se aprovecha el repunte de la renta petrolera y se implementa una disciplina fiscal estricta que frene la devaluación.
El análisis del economista subraya que la estrategia gubernamental de «bonificación» del salario es insuficiente y perjudicial a largo plazo. Según explica en sus recientes intervenciones, los bonos actuales —como el Bono de Guerra Económica— carecen de incidencia en beneficios fundamentales como vacaciones, aguinaldos y liquidaciones, lo que deja a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad extrema. Guerra enfatiza que, sin un salario base sólido, el poder adquisitivo seguirá siendo devorado por la inflación, convirtiendo cualquier «ajuste» de bonos en una solución cosmética.
Finalmente, Guerra propone que el ajuste salarial sea el eje de un programa de estabilización económica que incluya una inyección masiva de recursos financieros para elevar la producción de crudo. En este escenario, el economista argumenta que el Estado tiene la capacidad de cubrir un sueldo digno si se detiene la emisión monetaria descontrolada y se orienta el gasto público hacia la recuperación productiva. Su postura es clara: el país no aguanta más paños calientes; se necesita un «electroshock» financiero que devuelva el valor real al trabajo del venezolano.
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