jueves, febrero 12, 2026
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Madrugadas alegres de “Chivo Negro”: Corazón de las tradicionales Misas de Aguinaldo en Tinaquillo

Entre las brumas del amanecer y el olor a pólvora, con sabor a arepitas dulces y  chocolate, Tinaquillo despertaba cada 16 de diciembre con una promesa de fiesta y fe, una costumbre que se niega a desaparecer. Durante las décadas de 1940 y 1950, lo que hoy son las arraigadas misas de aguinaldo nacieron al calor de la tradición popular, gestadas en un punto de encuentro que era más que un bar: el establecimiento de Pedro Antonio Flores, inmortalizado por el sobrenombre de «Chivo Negro».

La tradición, revivida por el testimonio de Jesús Flores, nieto del icónico personaje, era un rito meticulosamente orquestado que fusionaba lo religioso con el jolgorio popular. La primera misa de aguinaldo, la del 16 de diciembre, le correspondía «apadrinarla» a Chivo Negro.

Banderas, Parrandas y Arepitas Dulces

La festividad no comenzaba en la iglesia, sino en la víspera, la noche del 15 de diciembre. El local de Chivo Negro se convertía en el epicentro de la algarabía. Agrupaciones de parrandas navideñas de todo Tinaquillo desembocaban allí, brindando alegría con sus tonadas y ritmo navideño que se extendían hasta el amanecer. Algunas de estas agrupaciones partían a llevar sus cantos a diversas familias del pueblo, para luego reencontrarse todos frente a la iglesia.

Pedro Antonio Flores inmortalizado como «Chivo Negro» e impulsor de la tradición de las misas de aguinaldo

La logística eclesiástica era precisa: la iglesia asignaba una bandera alegórica al responsable de cada misa. Este «padrino» se encargaba de las ofrendas, la ambientación, la entonación de los aguinaldos, la pirotecnia y las delicateses gastronómicas de la época, como las arepitas dulces, el chocolate y el café.

El acto simbólico central era el traspaso de la bandera. Pedro Antonio Flores iniciaba la procesión de la primera misa llevando el estandarte, para luego entregarlo, durante la ceremonia, a Don Juan Campos, quien apadrinaría la siguiente jornada, y así sucesivamente.

La agrupación pionera del género de la parranda central de Venezuela «La Flor de Cojedes» son habituales visitantes de Chivo Negro cada 15 de diciembre

Sirenas, Costureras y Patines Winchester

La tradición creció e involucró a diversos sectores de la sociedad tinaquillera. Los testimonios de los más longevos recuerdan cómo la segunda misa recaía en Don Juan de la Cruz Campos, un conocido comerciante. La tercera era responsabilidad de la Inspectoría de Tránsito, que organizaba una caravana bulliciosa con las pocas personas que poseían vehículos, llenando las calles del pueblo con sirenas y cornetas.

No faltaron las misas gremiales, como la de las costureras, liderada por la Sra. Zoila Febres y otras damas del oficio, ni las organizadas por la Comandancia de Policía o el Concejo Municipal.

Más allá del fervor religioso, la madrugada era un carnaval infantil. Muchachos y muchachas disfrutaban de paseos por las calles, compraban golosinas y veían a otros jóvenes haciendo peripecias en la Plaza Bolívar con sus patines Winchester de cuatro ruedas de hierro, mientras el aire se llenaba con el sonido de «tumbarranchos», «saltapericos» y «traquitraquis» a las puertas de las casas.

El hijo de Chivo Negro, Antonio Ramón Flores, conocido como «El Chivito» mantuvo la tradición

La tradición continuó por un tiempo con el hijo de Chivo Negro, Antonio Ramón Flores, conocido como «El Chivito», sin embargo tras su fallecimiento, la línea directa de organización nunca flaqueó afortunadamente, recayendo monumental compromiso en Jesús Flores y sus hermanos, hijos de Antonio Ramón. El espíritu de aquellos parrandones en los salones del alegórico establecimiento todavía siguen latiendo con fuerza cada 15 de diciembre, antesala a las madrugadas de la misa de aguinaldo de Chivo Negro que  se mantienen encendidas de Tinaquillo, perpetuando la vitalidad de la memoria colectiva del pueblo.

En estos tiempos, cuando esta tradición alcanza 85 años,  la nueva generación de Chivo Negro, tiene la firme aspiración de continuar con esta tradición, que dejó de ser un acontecimiento familiar para convertirse en un patrimonio de todos los tinaquilleros. Los herederos culturales de la familia Flores y de la esencia de Chivo Negro, demuestran su esfuerzo y la voluntad de mantener las semillas sembradas por Don Pedro Antonio Flores y abonadas por Antonio Ramón para la posteridad.

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